Cometas de Jodhpur - Destacada

El Mágico Atardecer de Jodhpur

Si viajar por la India ya es de por sí como dar un salto atrás en el tiempo considerable, el estado del Rajasthan nos lleva aún mas atrás, a la Edad Media. Tierra de Maharajas, de guerreros y de turbantes. De leyendas, de palacios, de “muerte antes que deshonor”, de las mil y una noches, y ciento volando.

Cada una de sus ciudades brilla con luz propia, y la de Jodhpur es azul. Tradicionalmente los Brahmanes pintaban sus casas de este color, pero hoy en dí­a muchos de los habitantes de Jodhpur se han apuntado a la moda, convirtiéndola en la Ciudad Azul.

Dominando la ciudad desde lo alto de la montaña se encuentra el fuerte de Meherangarh, donde una interesante visita guiada con auriculares introduce al visitante en el fascinante mundo de los Rathores, clan de guerreros Rajputs que en su dí­a dominaron estas tierras, a las que llamaron Marwar, “La Tierra de la Muerte“.

Lo mejor que puede hacer uno después de haber visto el fuerte y algún que otro monumento es sumergirse en las profundidades de la ciudad vieja y perderse por sus bazares, patios y havelis, donde todo es azul y de otro tiempo.

Y es que Jodhpur es una ciudad viva, no muy grande y con cierta dosis del caos indio de rigor, pero aún así llena de encanto.

En la parte más occidental de la ciudad vieja, rodeando al fuerte, se encuentra el barrio más antiguo de Jodhpur, y el más azul. Aquí ya no hay bazares, sólo casas y havelis, y justo al final, donde la ciudad se encuentra con la muralla más exterior de Meherangarh, es donde se produce el milagro, la calma.

Pocos son los indios, y menos los turistas, que se acercan a los lagos que hay a ambos lados de la muralla a contemplar el atardecer, y esto lo convierte en un lugar perfecto para relajar la tensión de todo el día.

Desde lo alto de las almenas se puede disfrutar de un atardecer mágico. A un lado Meherangarh y al otro la ciudad azul.

En este momento, cuando el sol empieza a caer y el calor afloja, es cuando de repente y sin previo aviso empiezan a aparecer cometas en el cielo de Jodhpur. Los niños de toda la ciudad dejan de pedir bolígrafos a los turistas para disfrutar del momento más esperado del día.

Y así poco a poco, y de azotea en azotea, se va llenando el cielo de cometas de todos los colores y formas. Lo único que tienen en común es su fabricación: casera. Los más afortunados tienen a sus padres o tíos fabricando para ellos, los más autodidactas se las fabrican ellos mismos como pueden, aunque muchas veces acaben volando libremente, y los que no tienen familia ni maña se dedican a recoger las cometas que otros pierden.

Y así el día da paso a la noche, y Jodhpur descansa, sólo por unas horas, hasta que el sol vuelva a aparecer y la ciudad se vuelva a llenar de vida.

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