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Trekking Annapurna - Monos Burros - Destacada

Sobre Burros, Monos, y Monos-Burros en el Trekking de Annapurna

La relación que cada uno es capaz de establecer en sus viajes con la cultura local depende de distintos factores, tanto personales, como contextuales, o específicos del viaje. La misma persona tiene distinto acceso a la cultura de un mismo lugar cuando viaja sola, en pareja, con un grupo de amigos, o en un tour organizado.

En cualquier caso, sea cual fuere la forma de viajar, si lo que se quiere es entender un poco más las costumbres locales, está claro que se necesita una actitud positiva y pro-activa. Esta actitud, normalmente, pasa por intentar reducir esa distancia que nos separa de las rutinas de la gente del lugar. Y, la mejor forma de hacerlo, ya la describió algún viejo filósofo asturiano hace años cuando dijo: “allá donde fueres, haz lo que vieres”. Vamos, que no estamos inventando aquí la rueda…

Parece evidente pensar que un viajero independiente, de habla hispana, que se encuentre viajando por América Latina con poco presupuesto, en principio debería tener más fácil la interacción con la cultura local que un turista eslavo de clase alta en un viaje organizado en autobús por el mismo lugar.

Pero no siempre es así, el mundo de los tópicos se desmorona en el momento en el que uno empieza a viajar, y claro, es inevitable encontrarse con ejemplos increíbles que le dan la vuelta rápidamente a cualquier cliché.

Una situación que me viene a la cabeza de manera recurrente nos ocurrió en Nepal allá por el año 2007, durante el trekking alrededor de los Annapurna. Durante los días previos, mientras preparábamos la caminata que acabaría durando de más de 20 días, nuestra preocupación máxima era planificar bien qué meter en la mochila y qué dejar en el hotel, para no cargar con mucho peso. Una amiga nos contó que no era necesario hacer la marcha con guía y, por principio (y presupuesto), no queríamos tener que contratar a ningún porteador.

Ya en marcha, nos cruzamos en múltiples ocasiones con pequeños grupos de turistas que llevaban su guía y sus porteadores que cargaban con las mochilas de sus clientes. Llegamos a ver de todo, desde un joven bohemio australiano llevando únicamente  su guitarra en la mano, mientras que su porteador cargaba con su mochilón impracticable, hasta aquel ciclista que nos pasó en mountain bike (maillot y gorrita incluida) mientras sus dos porteadores corrían sin aliento tras él con su mochilaza y una rueda de repuesto…

En una ocasión, en uno de los refugios de montaña, un grupo de porteadores se interesó por nosotros. Nos habíamos cruzado varias veces en los últimos días, y les hizo gracia vernos cargar con nuestras propias mochilas. Esta curiosidad se tradujo en una buena conversación y muchas risas después de la cena, donde nos explicaron que ellos, a los turistas, nos llamaban “Monkeys” (monos), y que ellos mismos, los porteadores, se autodenominaban “Donkeys” (burros). «Y entonces ¿nosotros qué somos?» – preguntamos para pincharles un poco. “Vosotros … pues – Monkey Donkeys, claro”- contestaron tras de darle un pensamiento. Las risas continuaron hasta la hora de dormir.

Después de esa noche, nos seguimos encontrando en el camino con ellos y con otros Donkeys a los que, de la misma forma, les hacíamos la misma gracia. Todos ellos continuaron aproximándose a nosotros, brindándonos su ayuda y buenos consejos durante el camino cuando lo necesitábamos, o simplemente conversando y compartiendo algunos detalles de su realidad de vez en cuando.

Quién iba a imaginar que nuestra calidad de burros nos acercaría más a los sherpas que a otros compañeros de viaje con muchas más similitudes culturales. Sin duda, los Donkeys pasaron a formar parte de nuestra gran experiencia en los Annapurna.

Desde entonces, en otros viajes, y, a pesar de estar en contextos muy distintos, a veces me es imposible no ver el mundo en términos de Donkeys y Monkeys, y me hace acordarme, con una sonrisa, de aquellos porteadores nepalíes.


1 comentario en “Sobre Burros, Monos, y Monos-Burros en el Trekking de Annapurna”

  1. ¡Jajajaja! Me había olvidado, para variar, de la experiencia «Monkey-Donkeys», y al ver la foto recuerdo la sensación de llevar esa mochila roja pegada a la espalda siete u ocho horas por día, ¡qué momentazo el de soltarla y quitarse las botas! Esos sherpas que nos alentaban, y los muchos momentos compartidos con otros burros, cambiaron positivamente mi visión de los «donkeys», que prefiero a los «monkeys». Buenos recuerdos, gracias por recordarlos.

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