Niñas en la Fundación Vicente Ferrer

Fundación Vicente Ferrer, dame un respiro, que estoy en la India

Cuando uno anda por la India, a veces se encuentra frente a determinadas formas de vida difíciles de asimilar. Santones que eligen el camino de la abstinencia para no alimentar sus almas con deseos fútiles, indigentes que no tuvieron la oportunidad de renunciar a sus bienes porque nunca los poseyeron, mutilados que no sobrevivieron a ninguna guerra, niños privados de infancia, adultos condenados por su nefando abolengo. Es entonces cuando se siente la necesidad de ayudar, como sea, pero hacer algo.

Otras veces, sin embargo, ocurre que la India le devuelve a uno la capacidad de asombro que había ido poco a poco abandonando en el rutinario mundo occidental. De esta forma, termina envolviéndose en un tejido de extraordinarios colores, o dejándose bendecir por la trompa de un elefante, o charlando sobre los diferentes matices tonales de las auras de los amigos, o asistiendo a unas clases de la variada gama de cursos sobre yoga, sexo tántrico, masaje ayurvédico. Y entre tanto ajetreo, no ha tenido tiempo de pararse un momento, mirar a su alrededor y comprender realmente lo que está sucediendo.

En ambos casos, la Fundación Vicente Ferrer es un buen destino para descansar un par de días, recapacitar, enterarse un poco de cómo vive realmente la gente y, ¿quién sabe?, después de todo esto a lo mejor hasta colaborar.

Rural Development Trust (RDT)

Este es el nombre que se le da en India a la Fundación Vicente Ferrer. Y abre sus puertas a aquellas personas que deseen conocer de cerca una impresionante labor social y también a cualquier viajero despistado que se haya perdido de camino entre Puttaparti y Hampi. Se le proporciona alojamiento y manutención de forma totalmente gratuita. El viajero, además, tiene la oportunidad de conocer a ciudadanos indios que hablan español. ¡Por fin se puede comunicar! Que en la India rural los ingleses claramente no dejaron ningún legado más allá del «your country, your country».

Allí­ uno verá como es posible construir un imperio humanitario con valor, inteligencia y, sobre todo, un gran esfuerzo, el esfuerzo de un personaje extraordinario en la historia española: Vicente Ferrer. Yo tuve la suerte de conocer en persona a este gran hombre cuya fotografía todavía figura en el altar de las  casas de muchos habitantes de Anantapur, al ladito de la de Ganesh.

Desde mi punto de vista, cualquier viajero que se encuentre en la India, no debe perderse esta visita. Uno se marcha de allí con la impresión de que todavía es posible ayudar y cambiar la vida de millones de personas, y de que erradicar la pobreza sí que tiene presupuesto. Y que si los gobiernos no lo contemplan, es porque la dignidad humana les interesa bien poco.


Informaciún útil

Ubicación

Anantapur, al sur del Estado de Andra Pradesh, en el Sudeste Indio.

Cómo llegar

Anantapur se encuentra bastante cerca de Bangalore y de Madrás. A ambos lugares se puede acceder por tren o por avión desde cualquier otra parte de la India o incluso desde otros países.

Si se decide ir desde Bangalore, la opción más sencilla es tomar allí un autobús que tarda unas 3 horas y media. El tren es menos frecuente y demora más, pero es otra de las opciones.

Desde Madrás también hay autobús directo (11 horas) y tren (10 horas).

Llegando a Anantapur, es posible tomar un Rickshaw e indicarle al conductor que se desea llegar hasta la Fundación Vicente Ferrer (en inglés RDT, pronunciado «ar-di-ti»).

Otros destinos cercanos

Aparte de Bangalore y Madrás, Puttaparti (donde vivía el famoso Sai Baba), Lepakshi y Gooty ofrecen alternativas a la habitual ruta turí­stica de la zona.

Hampi está a tan sólo cinco horas en tren y es uno de los paraísos de cualquier occidental que visite la India, incluso a pesar de los cambios de los últimos años en cuanto a la disminución del número de alojamientos en las zonas cercanas a los templos.

Más información

En la página web de la Fundación Vicente Ferrer está todo muy bien explicado.

La Editorial Planeta ha publicado dos libros suyos en los que combina reflexiones filosóficas con la importancia de colaborar en una transformación más justa de la realidad: El poder de la Acción (2012) y El Encuentro con la Realidad (2003). Pero personalmente prefiero la biografía del año 2000 de Alberto Oliveiras llamada: Vicente Ferrer. La Revolución Silenciosa.

Anna Ferrer también ha publicado un libro sobre su vida junto a Vicente (Un Pacto de Amor: Mi Vida Junto a Vicente Ferrer, 2009) que aborda su trayectoria desde 1968 que se conocieron. No he tenido la oportunidad de leerlo.

Y, en cuanto al cine, no le han hecho mucha justicia, la verdad, incluso a pesar del parecido físico que logra Imanol Arias en su biografía producida por RTVE.

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