A Salto de Rana

Guatemala Viajar al lago Atitlán

Furioso Road Trip por Guatemala

Había viajado en tren, autobús, a dedo, hacinada en la parte trasera de camiones e, incluso, en helicóptero, pero nunca antes en una combi con mis colegas. Era uno de mis sueños, rodar en una Volkswagen tuneada con mis amigos de siempre, admirando el mundo y compartiéndolo al mismo tiempo, geográficamente en las antípodas pero emocionalmente en casa.

Llegué a Palenque en autobús desde Mérida de madrugada con la idea de quedarme un par de días. Me estaban esperando en San Cristóbal y no tenía mucho tiempo. Pero esa mañana irrumpió La Furia en mi camino, apareció inesperadamente de la nada, de mi subconsciente, de mi deseo, así que, sin pensármelo dos veces, me subí a la furgoneta y finalmente sólo llegué a San Cristóbal un mes después.

La Furia no era una volkswagen y no llevaba dentro a mis amigos, pero me pareció perfecta. La Furia era en realidad una Pontiac Montana que venía rodando desde Canadá, donde la habían adquirido sus seis colegas para la recogida de la cereza, sin la menor idea de que atravesaría unos meses después la mitad del continente americano. Para cuando llegaron a Palenque ya sólo quedaban cuatro amigos, dos de ellos se habían descolgado por el camino, y, casualmente, había un hueco para mí.

La relación entre los miembros de la Furia, los Sudamakinones, era fraternal y surrealista a partes iguales. La confianza de tantos años hacía que su desconfianza fuera certera, debidamente asentada en la realidad. No había bronca si a uno le costaba pagar y a otro hablar. Intentaban ser fieles a su espesa nube de humo, lo que les dificultaba tomar cualquier tipo de decisión, parecían vivir pacientes en su eterno presente, justo lo que yo necesitaba. Tardamos 3 días en subir a las ruinas que estaban justo encima de nosotros. Y una semana más en salir de allí.

Ruta

Palenque- Flores (Tikal)- Sayaxché- Cobán (Semuc Champey)- Ciudad de Guatemala- La Antigua- Atitlan (Panajachel- San Pedro la Laguna- San Marcos La Laguna- Panajachel)- San Cristóbal de las Casas

Tiempo

2 semanas hasta Atitlán y 10 días tirados en Casa Elena.

1ª Etapa: de Palenque a la Isla de Flores

Por fin comenzamos nuestro road trip hacia Guatemala:»Está usted en territorio zapatista. Aquí manda el pueblo y el Gobierno obedece». Tras una lenta conducción por estas tierras (nos íbamos literalmente chocando con unos baches monstruosos para reducir la velocidad), atravesamos la frontera del Ceibo, una de las rutas de inmigrantes y narcotraficantes más peligrosas de Guatemala. En seguida la cumbia subió de volumen, la floresta se tupió y las casitas a lo largo de la carretera dieron lugar a otras más modestas. Se respiraba ya el calor y la humedad de Petén, otra selva en agonía amenazada de muerte por multinacionales, cárteles mexicanos y mafias chinas de tala de árboles.

El casco antiguo de la Ciudad de Flores se encuentra en la Isla de Flores, dentro del lago Petén Itzá. Nos alojamos en un hostal cualquiera frente al lago, mucho más barato que los albergues para mochileros que estaban más cerca de la plaza. Fue noche de cerveza y de cumbia, era la fiesta de inauguración del árbol de navidad:“¡¡¡No se pierdan a los grandes, los extraordinarios, los auténticos Fénix del Petén!!!». Los Sudamakinones andaban desbocados disfrutando de sus primeras Gallo en el que iba a ser uno de los últimos momentos cumbieros hasta Barranquilla, había que aprovechar para bailar y lo que hiciera falta.

Desde Flores, se podían visitar las ruinas de Tikal, a 1 hora en coche y un poco más en transporte público, las de Uaxactún, 35 km. más al norte, con un observatorio astronómico todavía en funcionamiento, y las ruinas de Yaxhá y Topoxté, a las que se accedía por un desvío indicado a la derecha desde el camino hacia Tikal. Los precios de las visitas eran mucho más elevados que en México, Tikal unos 20 dólares y Yaxhá unos 10, por lo que nos tocó elegir. Todas ellas se encuentran en medio de una vegetación exuberante, en la misteriosa y peligrosa selva de Petén, morada de jaguares y de secretos ocultos. Las colinas a ambos lados de los caminos son en verdad templos enterrados y se respira una tranquilidad sagrada difícil de describir.

 2ª Etapa: de Flores a Sayaxché

Hacia el sur de Flores, a 2 horas, se encuentra Sayaxché, desde donde se puede acceder en barco a las solitarias ruinas de Aguateca, El Ceibal y Dos Pilas en el lago Petexbatún. La Furia sufrió ligeramente en el improvisado ferry que atraviesa el río a la entrada de Sayaxché. Pero a pesar de los escasos 75cm3 del motorcito del navío metido en un barrilete, lo conseguimos.

Sayaxché ofrece algunos hoteles básicos que están bien. En nuestro afán por pagar siempre menos, nos alojamos en una pensión frente al río cuyas pelusas superaban el tamaño de las ratas, ¿o eran ratas? y los colchones sobresalían de la estructura de las camas, combándose hasta casi el suelo. Pero tras unas cervezas y unos porros en la orilla de La Pasión, ¿a quién carajo le importaba?

3ª Etapa: de Sayaxché a Cobán

De Sayaxché hasta Cobán, ya sí, el trayecto fue más largo, 4 ó 5 horas si mal no recuerdo. Nos moríamos por bañarnos en el mar, en un río, en una poza, en un charco, donde fuera, y desde luego Semuc Champey valió la pena. Abandonamos la Furia en Cobán, una pequeña ciudad con alojamientos y restaurantes económicos, ya que no nos atrevíamos a hacer pasar a la ya herida de muerte Montana por caminos que pudieran prolongar su agonía. El transporte estaba bien organizado, una furgoneta hasta Lanquín y luego un camión. Hay lugares bastante interesantes para dormir si se quiere pasar varios días disfrutando de río y campo.

Semuc Champey (donde el río se esconde bajo las piedras) es un paraíso natural bastante turístico en el que bañarse es toda una recompensa al esfuerzo de haber llegado hasta allí. Se cobra una entrada por entrar y la recaudación va íntegra para el CONAP (Consejo Nacional de Áreas Protegidas). Las comunidades que viven en la zona no sólo no reciben ningún beneficio, sino que en muchos casos están amenazadas por el Gobierno.

4ª Etapa: de Cobán a Ciudad de Guatemala

Y de Cobán, de la serenidad de la naturaleza, al delirio de la urbe, a Ciudad de Guatemala. Avanzando por los suburbios de la ciudad fuimos a parar a casa de Linduchi, en la zona 1. Los turistas se suelen alojar en la zona 10, por eso de la seguridad nocturna, pero a mí la zona 1 me cautivó desde el principio.

Desde el apartamento de nuestra cuate en la 12º planta observábamos los robos nocturnos de las bandas callejeras y rezábamos por que nuestra Furia saliera intacta, lo cual era difícil teniendo en cuenta que la ventanilla ni siquiera cerraba bien. Y es que, aunque hay muchos garajes privados donde poder aparcar, sale bastante caro y, en muchos casos, nos obligaban a retirar el vehículo muy temprano. En todo caso, Ciudad de Guatemala no parecía el lugar para quedarse unos días, así que en seguida tiramos a La Antigua.

5ª Etapa: de Ciudad de Guatemala a La Antigua

A tan solo 50 Km, la que fuera capital de Guatemala hasta que un terremoto la destruyera por tercera vez en 1776, La Antigua se nos presentó como una ciudad colonial y colorida muy bien conservada en un enclave privilegiado entre los volcanes Agua, Fuego y Acatenango. Para conseguir su mantenimiento, las antiguas viviendas han sido ocupadas en su mayor parte por comercios, alojamientos y restaurantes, vaciando a la ciudad de su esencia, de las dinámicas de sus habitantes, y convirtiéndola en un enorme museo viviente.

Las agencias y los hostels organizan ascensiones a estos volcanes así como al Pacaya, un poco más retirado, quizás la actividad más interesante que se puede hacer en esta ciudad. Aprovechamos para variar nuestra dieta de tacos y frijoles con una pizza terrible y nos fuimos a dormir. Los que fueron mis compañeros de viaje en la Furia, me cuentan ahora que subieron al volcán Pacaya a la vuelta, cuando yo ya me encontraba en México. Todavía me cuesta entender cómo superaron esa abulia desmedida de la que hacían gala. Sin haber visto todavía ninguna foto, y con el conocimiento que me confiere la convivencia durante casi un mes, desconfío completamente de esa historia.

6ª Etapa: de La Antigua a Panajachel

Y, por fin, a tan solo 100 Km. de la Antigua, por una ruta de pueblos locales, el camino hacia Panajachel nos dejó sin aliento cuando, al llegar al punto más alto, nos regaló unas vistas impresionantes del lago Atitlán, siendo solo la antesala de la fascinante belleza de este místico paraje. Hasta el más cabal acaba por sentirse invadido de la energía telúrica que emana de los volcanes y las poblaciones mayas que rodean el lago y se rinde ante el poder de las leyendas y del viento Xocomil.

Panajachel es un pueblo bastante turístico, sobre todo, para los guatemaltecos. Hay muchas opciones de comida y alojamiento. Nosotros nos quedamos cerca del embarcadero en un cuchitril muy barato que me tuvo rascándome el cuerpo toda la noche. Desde aquí, se pueden visitar los pueblos de alrededor del lago, nombrados como los 12 apóstoles, así como ascender a los volcanes de Tolimán, Atitlán y San Pedro.

Lago Atitlán y despedida

Nuestra primera visita fue a San Pedro de la Laguna, pero cuando dejamos nuestras mochilas en Casa Elena, alojamiento baratísimo a la orilla del lago, parecía ya que no hubiera otro lugar en el mundo donde existir, a partir se este momento en San Pierdo la Cordura los días pasarían lentos viajando en una nube de humo

Santiago Atitlán y San Marcos la Laguna son también otras opciones para pasar unos días. Dicen de este segundo pueblo que es el más bonito y “energético” del lago, no sé si es posible establecer tal categoría, pero lo que sí es cierto es que esta “conexión cósmica” del turista muestra algunos de los estragos de la colonización turística salvaje, incluso aunque sea mochilera, buenista e pseudoiluminada.

De vuelta a Panajachel, donde se encontraba aparcada La Furia (nos echaba ya mucho de menos), mis compañeros de viaje y yo nos despedimos sin dramas, con la alegría de haber compartido otro mes inolvidable en el calendario del viaje. Yo me volvía a México, a San Cristóbal de las Casas, donde tal vez ya se habían cansado de esperarme, y ellos continuaban su viaje hasta Argentina.

Nota Final

(A Argentina llegaron sólo dos, la Furia fue abandonada en un aparcamiento de Panamá y, tras unos meses en México, yo terminé en Asia. Pero ahora, desde Madrid y con unas cañas en la mano, brindamos los cinco por aquel viaje y por todos, por las experiencias acumuladas, por la suerte de habernos encontrado de nuevo y por lo que nos queda. Brindamos por brindar, por lo que sea, y los viernes nos escapamos a bailar cumbia donde podemos.)

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