A Salto de Rana

Kurdistan Iraqui - Pañuelos Duhok

Kurdistán Iraquí : Un día en Duhok

Por azares de la vida, el trabajo me llevó al Kurdistán iraquí y, durante un fin de semana de descanso, llegué hasta Duhok, una encantadora ciudad kurda situada en un asombroso enclave entre montañas, a tan solo un par de horas del epicentro de la destrucción de la guerra de Iraq contra el Estado Islámico en Mosul.

Cuesta creer que dos mundos tan distintos se encuentren geográficamente tan próximos. La paz que se siente en Duhok es sorprendente, emana de sus picos una honda energía que, aunque llegara a explicar con la razón, difícilmente el alma acaba de entender.

Montaña Duhok

Paseando por las callejuelas del zoco (o bazar), uno olvida fácilmente que hay una guerra ahí al lado.

Mi objetivo era comprar pañuelos, de esos que en el Madrid de los 90 llamábamos “palestinos” y que aquí lucen con todo tipo de diseño y colores. En la cabeza a modo de turbante, al cuello para calentar la garganta durante el frío invierno kurdo, o colocado de cualquier manera para protegerse del sol cuando los pastores pasean sus rebaños de ovejas a lomos de sus burros todo terreno.

La cantidad y variedad de pañuelos es inagotable, pero los mejores, sin duda, los más finos, vienen de Korea… lo que es la globalización, amigos.

Los precios son negociables, aunque tampoco hay que volverse loco, lo importante en el zoco es que tanto el comprador como el vendedor estén satisfechos con la transacción, porque lo que es impagable es la simpatía y la hospitalidad de los comerciantes kurdos y, si se te da bien, hasta te muestran cómo liarte tu turbante a la cabeza.

Si consigues que el zoco no te atrape toda la tarde, puede ser que llegues a disfrutar del atardecer a orillas del Dam , “when in Rome, do as the romans do”, y aquí los kurdos se acercan al Dam. Un aperitivo de lo que debe ser la montaña en el Kurdistán Iraquí.

Aunque si no te apetece andar, siempre puedes disfrutar del atardecer a orillas de la presa mientras los chavales hacen lo que pueden sin llegar a pescar nada.

Dam Duhok

Un buen lugar donde fumarse una shisha y acompañarla con un buen café, o incluso algo de cena, es el Parque Azadi, todo un favorito entre los lugareños. Familias de fin de semana, grupos de amigos viendo fútbol mientras comentan la vida a golpe de shisha, o enamorados furtivos buscado un punto de encuentro. Todo tiene cabida en el parque Azadi, mientras que la vida pasa, tranquilamente, y la shisha no se acaba…

Lo que sí se acabó fue mi fin de semana, mal que me pesara. Duhok me ha abierto una ventana a lo maravilloso que puede ser el Kurdistán iraquí, que seguro en otro tiempo pudo ser más mochileable de lo que es hoy en día. Un buen amigo kurdo me contó que, a causa de las distintas guerras, las montañas están llenas de minas anti-persona… así que hay que andar con cuidado antes de lanzarse a dar un paseo por esas maravillosas montañas, y siempre informarse y confiar en la gente local antes de hacer nada.

Sin duda fue, lo que se llama, quedarse con la miel en los labios.

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