A Salto de Rana

Beitut Bloody Beirut

Líbano: Bienvenidos a la Fiesta de la Revolución

Beirut

Aquellos primeros días, yo era Beirut. Y Beirut era una fiesta, como París. Noches desveladas y bañadas en alcohol, lunes al sol, artistas sin oficio, estudiantes sin beneficio, refugiados apátridas, poetas en las calles clamando revolución, ciudadanos huyendo fuera, extranjeros atrapados dentro, cimientos de esperanza sobre las cicatrices de la guerra, deseos que culminan en el sudor de las sábanas de habitaciones desconocidas. Me sentí en casa. Las contradicciones de una ciudad herida eran las mías también.

Hello, Bonjour, Marhaba Líbano.

Fiestas enloquecidas de tecno y hip hop, selfis en minifalda junto a los neumáticos ardiendo de las barricadas callejeras, sufrimiento y hedonismo bajo el mismo sol, todos castigados por Iblis y Satanás. Todos éramos pecadores.

Graffiti en un edificio de Beirut

Graffiti en la calle de Beirut

Expo de Beirut en casa baleada

Hoy es lunes, son las doce del mediodía y Ali se despierta, arrastra los pies hasta la cocina y contempla el nuevo día idéntico al anterior. Tenía 6 años cuando ocurrió la masacre en el campo de Chatila. Recuerda que vio a hombres jóvenes, con banderas blancas de rendición, abatidos a tiros. El Estado no le garantiza ningún derecho en Líbano, y, sin embargo, no puede moverse libremente por el país. Ni trabajar. Pero se prepara para la manifestación contra el Gobierno, aunque no tiene muy claro que piensa conseguir con todo esto. Al menos variar su rutina diaria.

Lamia se viste despacio, ha quedado a la una en la mezquita Mohammad Al-Amin para corear eslóganes revolucionarios. Está cansada de la corrupción de unos partidos políticos que siguen representando los mismos grupos armados que participaron en una guerra que debió haber finalizado hace casi 30 años. Todavía lleva las vendas en el rostro de la última cirugía estética a la que se ha sometido como parte de una identidad libertaria que desea mostrarle al mundo.

Fadi también estará allí. És druso y vive en Boqaata, cerca de las montañas del este de Beirut. Lleva consigo una enorme bandera libanesa, carga el cedro en su espalda posiblemente por última vez en su vida. El mes próximo tendrá más derechos en Australia, el país que lo acogerá por ser miembro de una minoría religiosa.

María llegó hace 10 años a Beirut a estudiar árabe. Quiere quedarse aquí a vivir, seguir resolviendo los problemas del mundo con una cerveza en el café de en frente de su casa, continuar inventando excusas para vivir de la paga que le envían sus padres cada mes desde España. Intenta encontrar un trabajo «de lo suyo», pero todo el mundo sabe que en Líbano no hay trabajo. Hoy lleva una pancarta que dice: “The Government is over party”.

Me uno a la fiesta.

Thawra en Beirut

Policías frente a la bandera de la manifestación


Viajar en Líbano

La mayor parte de los turistas alquilan coche, una decisión más sensata que subirse a los transportes privados conducidos por auténticos descerebrados. Sin embargo, mi amigo de aventuras en este viaje y yo decidimos en autobús, a ver qué nos deparaba el país.

Los principales lugares que visitar en Líbano son: Tyre y su bonita playa en el sur de Beirut, la ciudad de Trípoli con su vibrante y animado zoco de estrechos callejones, el importante yacimiento de Baalbek, uno de los complejos de arquitectura romana más ambiciosos fuera de la antigua Roma. Y el Lebanon Mountain Trail. Personalmente, esta última opción me parece una las formas más interesantes de disfrutar de la naturaleza del país, y su página web tiene toda la información necesaria para hacer rutas con guía, por cuenta propia, por tramos, en bici o en patinete. 470 km por caminar de norte a sur a través de 76 pueblos con características culturales muy diversas.

Mercado puble líbano

Trípoli

Desde Beirut, todos estos lugares son de fácil acceso y existen transportes desde diversas estaciones de la ciudad, siendo Dora y Cola las principales. Solo es necesario preguntar al primero que pase por la calle en cualquiera de los idiomas que conforman la bizarra forma de comunicación de la ciudad: francés, inglés o árabe. O Google Maps.

Para quedarse unos días en cualquier zona del país, los precios de los alojamientos son caros. Airbnb nos pareció más barato que booking u otras aplicaciones similares.

En cuanto a la naturaleza, las playas del Líbano no destacan por su espectacularidad, y mucho menos por su salvajismo. La mayor parte de ellas pertenecen a complejos hoteleros o están altamente contaminadas. Las montañas parecen un mejor destino para escapar de Beirut, si finalmente eso es lo que se desea.

Las dos zonas montañosas más espectaculares forman parte también del Lebanon Montain Trail.

Qadisha Valley

Para visitar este valle, se puede dormir en cualquiera de los pueblos que se encuentran sobre el mismo (Bsharri, Bazaoun, Hadchit, Hawqa, etc.), y al día siguiente descender por uno de los caminos que llegan al valle. No tiene pérdida.

El Valle de Qadisha, conecta con el de Qannoubine, y en un día se pueden ver bastantes de los monasterios que habitaban los maronitas, algunos de ellos excavados en las rocas. El camino es agradable y las vistas reconfortantes. Los pueblos, sin embargo, no tienen ese encanto de lo remoto, las feas construcciones de varias plantas modifican el aspecto sagrado de lo que un día debieron ser aquellas montañas de exaltación religiosa y peregrinación.

Bsahrri

Monasterio Qadisha Valley

Paseo por Qadisha Valley

Reserva de cedros de Barouk y Maaser El Chouf

El calentamiento global hace que los inviernos sean cada vez más cortos y menos fríos, lo que ha provocado la muerte masiva de los cedros, símbolo nacional del país, que en el pasado se extendían por el paisaje hasta Siria.

Asociaciones privadas y organizaciones no gubernamentales son las que llevan el peso de la reforestación en un país en el que los ministerios de Agricultura y de Medio Ambiente son parte de esa apatía institucional contra la que la población lucha ahora en las ciudades.

A pesar de todo, el paseo por la reserva nos llena de energía, nos hincha los pulmones de paz y gloria.

cedro recién plantado

Reserva de cedros Barouk

Beyrouth bye bye…

Los últimos días en Beirut vuelven a ser como los primeros. Las carreteras para entrar y salir de la capital están bloqueadas por las manifestaciones. Sólo podemos beber y comer en presente continuo. Desquiciados y felices.

No hay salvación para los palestinos, ni para los sirios, ni para los libaneses. Chiíes, suníes, cristianos, drusos, refugiados y exiliados. El Estado, incapaz de garantizar las necesidades básicas de toda su población nacional, deja a los refugiados en un estado de desprotección y vulneración de derechos fundamentales. Mientras, el aumento de la xenofobia no hace sino empujar a los jóvenes refugiados alienados hacia otras vías más radicales de supervivencia.

Ya no hay tiempo para tener prisa, hoy ya es tarde para el cambio, hoy es el mañana de ayer que permanece inmutable para las vidas de tantas y tantos. Todos estamos atrapados en Beirut, ayer, hoy y mañana. El futuro ya ha llegado.

Es por ello que acabamos en Hamra gritando consignas que ni nos molestamos en entender.

La Revolución es siempre una gran Fiesta.

Manifestación Beirut

Obra de Fadia Ahmad

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