Yerevan

Armenia en 1 semana: Ereván, Yeghegnadzor, Tatev

Empezó a llover y las nubes se oscurecieron sobre las montañas de tal manera que ya había llegado la noche sin apenas amanecer. Un día perdido en la cuenta atrás del poco tiempo del que disponíamos para Armenia.

Una furgoneta compartida nos había traído desde Ereván (Yerevan en inglés) la noche anterior tras haber conseguido por fin el visado para entrar en Irán. Mis amigas nos esperarían en Qazvin un día después de aterrizar en Teherán. Yo había leído sus emails entre jornadas de montaña y cervezas, y había confundido los días, las noches y los meses, por lo que ahora tocaba correr.

Correr es de cobardes, el que mucho corre pronto para, la prisa mata, me decía, pero en realidad viajaba como alma que lleva el diablo y llovía igual que cuando enterraron al tal Zafra ese del refrán.

En Ereván sólo nos dio tiempo a reparar en las napias armenias y a intuir cierto espíritu artístico que flota en los rincones de la ciudad. Desde luego, sus calles son menos bohemias y atractivas que las de Tiblisi, pero, a cambio, las escaleras mecánicas que suben a la parte alta de la ciudad, compensan con su arte otras carencias. Se han aprovechado los espacios interiores y exteriores del elevador para albergar interesantes exposiciones y piezas artísticas de escultores como Botero o Flanagan. Su diseño arquitectónico recuerda al de una cascada, del que recibe su nombre. En una de las salas interiores, con acceso desde un ascensor en el que nadie repara, encontramos la exposición fotográfica de la iraní Shadi Ghadirian. Algunas de sus series como Nil,Nil, Like Every Day o Qajar, son simplemente excepcionales.

Cascada Yerevan
Cascada- Complejo Cultural Ereván
Complejo Cultural Yerevan
Cascada- Complejo Cultural Ereván

Pero ahora ya estábamos en otro lado, en algún lugar impronunciable: Yeghegnadzor. Y llovía. A pesar de la falta de luz, aprovechamos para visitar Noravank a unos 25 km, uno de esos monasterios aburridos cuyo mérito reside en su espectacular enclave.

Con las gotas resbalando sobre mi cara y los pies empapados, pensaba yo en lo que me hubiera gustado haber sido monje de la Edad Media para recorrer inhabitados parajes entre desoladas montañas y encontrar así mi propio paraíso solitario donde edificar mi templo. Y así fui dejando atrás la sensación de atropello y empecé a ser feliz.

Monasterio de Noravank cerca de Yeghegnadzor
Monasterio de Novarank

Sabía que con esta lluvia, no podríamos adentrarnos en los valles de alrededor para visitar otras iglesias y fortalezas, pero tal vez nos diera tiempo a encontrar otro hermoso lugar cerca de la frontera con Irán donde el cielo fuera más envolvente y alumbrara la inmensidad del paisaje.

Cuando nos levantamos al día siguiente, las montañas marrones eran blancas, y el día era claro y frío. Una hermosa luz dorada nos acompañó hasta la carretera donde hicimos autostop hasta Tatev.

Nos paró primero una furgoneta de pago que nos abandonó en medio de ninguna parte. Mortadelo y Filemón aparecieron algo más tarde para apiadarse de nosotros y enredarnos en una de sus peripecias detectivescas. Las mochilas acabaron oliendo a pescado y la ropa a chimenea, mejor no saber por qué.

Camino a Tatev

Yeghegnadzor

Y ya, en el último tramo, cuando nos disponíamos a andar los 5 km que nos faltaban, un señor cualquiera paró su Lada junto a nosotros y nos convidó a subir delante. Me acomodé sobre la caja de cambios y giré la cabeza para cerciorarme de que efectivamente no había asientos traseros.

Los Lada nos entusiasmaban. Desde Rusia veníamos gestando una idea que ninguno se había atrevido a compartir, algo sobre un próximo viaje. Ahora aquí, apretados, de forma instintiva y sin acuerdo previo, dimos rienda suelta a nuestra imaginación y decidimos comprar un Lada azul clarito. Primero había que saber el precio y las condiciones, y luego a dónde iríamos. La estepa podría ser aburrida, pero en el fondo sabíamos que volveríamos al Cáucaso ruso, o en todo caso eso daba igual ahora porque nuestro Lada nos llevaría a donde quisiéramos y tal vez acabaríamos en el fin del mundo.

Llegamos a Halidzor y nos dio una pena enorme posponer nuestra fantasía para continuar corriendo.

Wings of Tatev llega literalmente volando hasta Tatev. Se trata del teleférico más largo del mundo con casi seis kilómetros de longitud y espectaculares vistas de valle.

Paisaje desde Tatev
Wings of Tatev

Ya arriba, otro monasterio en medio de una envolvente paz y serenidad. Parece que otro fraile del pasado descubrió en lo alto de estas montañas el lugar perfecto para experimentar la libertad del encuentro con la naturaleza a través de la oración.

Todas las casas de Tatev ofrecen alojamiento, y el resto de los habitantes son cabras y ovejas. La vida en el pueblo y las impresionantes vistas desde las montañas de alrededor, bien te pueden hacer llegar tarde a una cita con tus amigas en Irán.

Monasterio de Tatev
Monasterio de Tatev

Al día siguiente, subimos a algunos montes cercanos, anduvimos por el Petroskhach Trail y continuamos por otros caminos menos transitados.

Al día siguiente, subimos al pueblito de Svarants y continuamos andando hasta que oscureció.

Al día siguiente, teníamos que volver a Goris para tomar el autobús a Irán pero, en vez de eso, nos montamos en un Lada y atravesamos otras montañas hasta Kapán y más allá.

Al día siguiente, llegamos tarde a Irán.

Vistas desde el Monasterio de Tatev
Vistas desde el Monasterio de Tatev
Lada en Tatev
Lada estacionado en Tatev
Tatev- Kapan
Camino a Kapan

La última noche, dormimos en Meghri, en el peor hotel de mundo. Colgantes de caquis secándose y edificios rusos hercúleos al pie de las montañas nos arroparon en nuestra indecisa despedida de un país que apenas habíamos empezado a conocer.

Nos atiborramos de cerveza para varios meses. Probamos todas las marcas del bar, no fuera una mejor que otra. E intentamos fijar su sabor en nuestra memoria gustativa antes de continuar viaje a otras tierras más contenidas con los excesos.


Información práctica

Transporte

  • Las furgonetas desde Ereván hasta Yeghegnadzor salen desde la Plaza de Gortsaranayin, a la que se accede en metro hasta la parada del mismo nombre.
  • En pueblos de carretera como Yeghegnadzor no hay transporte directo, sólo es posible tomar los autobuses o camionetas que comunican ciudades más grandes, lo cual supone un problema si pasan llenos.
  • Los taxis son baratos y suponen buena opción para trayectos más cortos.
  • Hacer autostop es posible, pero hay que tener en cuenta que algunas carreteras están muy poco transitadas. Para algunas rutas andando, pensamos en la posibilidad de autostop entre pueblos y así comenzar a caminar más cerca de las montañas, pero no encontramos un solo coche durante kilómetros. Era octubre.
  • El teleférico de Tatev funciona desde las 9.00 hasta que anochece. Excepto en algunos meses de picos turísticos, cierra los lunes.
  • A Tatev se puede llegar en autobús desde Goris pero, cuando nosotros estuvimos, no operaba porque el conductor se había puesto enfermo.
  • Para llegar a Irán desde Tatev, la forma más sencilla es volver a Goris y tomar allí un autobús grande de los que vienen de Yerevan y llegan hasta Teherán. Nosotros decidimos tirarnos montaña abajo hasta Kapán porque era más interesante y el paisaje parecía espectacular. Desde allí, tomamos el único transporte diario de las 15.00 hasta la frontera.

Alojamiento

Nosotros utilizamos booking. Eso sí, en Ereván apostamos por un Hostel pensando que tal vez el staff hablara inglés y nos pudiera informar sobre el país, y acabamos en casa de unas mujeres filipinas que apenas conocían su calle. Muy simpáticas, por cierto, y efectivamente hablaban inglés.

Resumiendo, todo el mundo alquila su casa en forma de hotel, así que es difícil saber de antemano el tipo de alojamiento en el que te hospedarás.

Información turística/ Rutas

No tuvimos mucha suerte en Tatev con la oficina de información. Ni mapas, ni rutas, ni guías, tal y como informaba la guía. Eso sí, la chica que nos atendió nos dijo algo muy sabio: “todo es bonito, podéis subir por cualquier lugar y bajar de nuevo por diferentes caminos“.

Rutas por Tatev:

  • El Petroskhach Trail está indicado, es una rutilla circular de 2 ó 3 horas.
  • Una vez en el pico del Petroskhach, si se quiere continuar andando, hay varias opciones. Todos los caminos son muy intuitivos, sin pérdida posible. Uno de ellos llega hasta Harzhis, pero de allí hay que ver ya lo del transporte, porque no daría tiempo a ir y volver en el mismo día. Nosotros continuamos por las crestas occidentales rodeando el valle de Tatev.
  • Seguramente se pueda llegar hasta Sisian en un par de días de ruta, pero habría que ir equipado, sobre todo, en estaciones de más frío.
  • El desfiladero de Vorotan se puede visitar andando o en coche. En este barranco, hay un puente natural de piedra llamado Puente del Diablo y el monasterio oculto de Tatevi Anapat.
Paisaje Tatev

Vistas desde Petroskhach Trail
Vistas desde Petroskhach Trail

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