Autobus Armenia - Así Viajabamos Destacda

Así Viajábamos Nosotros Hace 20 Años

Últimamente en la versión digital de los periódicos no aparecen más que tonterías. No me lo termino de explicar, pero incomprensiblemente algunas de ellas acaban resultándome irresistibles, y no puedo por menos que acabar leyéndolas sin saber muy bien por qué.

Este fue el caso de un artículo titulado “Así viajábamos hace 20 años“. A pesar de estar lleno de obviedades y tópicos en los que no siempre coincido con el autor, el artículo me trasnportó a la inocencia de mis primeros viajes, a recuerdos llenos de encanto y en ocasiones de nostalgia. Esta lectura coincidió con unos días en los que precisamente estábamos reflexionando sobre este mismo tema, y así surgió la idea de hacer este “Así Viajábamos Nosotros Hace 20 Años” (aunque realmente deben ser unos 14) , con nuestros tópicos y obviedades incluidos, por supuesto.

Nota: Vaya por delante una evidencia que al autor del artículo original se le pasa por alto mencionar. Cada viaje es distinto, ya sea hace 15 años o hace 5 meses. Pretender universalizar el método del viaje además de utópico sería demasiado aburrido.

El billete de avión

En el año 1998 para viajar a Londres y echar allí el verano poniendo pintas y aprendiendo inglés compré el billete en la antigua agencia de viajes Zeppelin (R.I.P), cerca de la plaza de Santo Domingo. Aún recuerdo ese librito con múltiples paginillas ininteligibles de papel calco…y esa fundita para guardarlo todo… qué tiempos.

Ahora, aunque los compremos por internet nos siguen cobrando los gastos de emisión del billete, a pesar de que sea la impresora de mi casa quien lo emita… Eso si, alguna vez he usado la agencia de viajes (otra, claro), para billetes algo complicados. Lo bueno es que, si hay algún problema con el vuelo, el marrón lo solucionan ellos.

Las clásicas postales

Llamadme carca, pero todavía compro alguna de vez en cuando… Hace años decidí que más vale una buena postal que una mala foto. Algunas postales son espectaculares, y lo que es más importante, a las abuelas les hace mucha más ilusión que la foto que has subido a facebook comiéndote una langosta…

Las cabinas de teléfono

En algunos países todavía hay cabinas de teléfono, por ejemplo en Irán o en Japón, donde nos salvaron la vida en más de una ocasión para encontrar habitación en los hoteles, ya que la mayoría andaban siempre completos.

Esta vez, viajando por Eurasia, es la primera vez que ando con un teléfono móvil, y lo cierto es que nos ha salvado el culo en un par de ocasiones, sobre todo cuando las dueñas de algunos hoteles en Rusia nos cerraron la puerta principal, dejándonos fuera, pensando que ya habíamos vuelto de cena.

La verdad es que nunca antes, en los más de 14 años que llevo viajando, había sentido tanto la necesidad de tener un teléfono encima… y es que el mundo cambia, amigos,… aunque en el fondo, lo que se acaba antojando imprescindible es llevar internet en el bolsillo.

Telefono Iran - Asi viajabamos

Internet

Qué momentazo aquel de buscar el “ciber” de turno, mandar los 3 emails de rigor, echarte tu charleta con el fulano del mostrador para imprimir el billete de avión y hacer algún amigo circunstancial con esa complicidad que da el cagarse en la madre que lo parió cuando la conexión a Interne iba a pedales.

Todo eso ya es historia… Dependiendo del país, cada vez es más difícil encontrar cibercafés, sobre todo en sociedades en las que todo el mundo lleva internet en el bolsillo. Ahora las guest houses y hostales están más en silencio que nunca, cada uno en su teléfono y google en el de todos.

Esta es la primera vez que ando con un teléfono “smart” e internet 24/7 (es una larga historia), la segunda con un dispositivo “conectable” al wifi del hotel (en Japón aprendimos la lección por las malas…) , y realmente , dependiendo del país, cada vez parece más imprescindible, especialmente para buscar (y gestionar) alojamientos cuando la comunicación en chino mandarín resulta complicada.

En este viaje por Rusia donde no habla Inglés ni Rita la cantaora, ha sido imprescindible para la compra de billetes de tren online o para traducir conversaciones fundamentales con la taquillera de la estación de autobuses. El día que el teléfono se quedó sin batería perdimos el barco a Shiryaevo…

Las reservas de hotel

A diferencia del autor del artículo original, yo jamás he reservado un hotel a través de una agencia de viajes. Realmente esto de reservar hoteles es algo bastante reciente.

Casi nunca he planificado el viaje, sino que más bien va saliendo sobre la marcha, siempre ha sido una cuestión de llegar, buscar un hotel y listo, sin más.

Bien fuera con ayuda de alguna guía de viajes, del boca a boca, o simplemente dando un paseo por el pueblo buscando el hotel más barato y que menos cucarachas pareciera tener, lo cierto es que la cosa siempre había funcionado hasta llegar a Japón.

En cualquier caso, la aparición de todos estos portales de internet, (Booking, TripAdvisor, Agoda, etc), le ha dado un giro de 180 grados al asunto. Con sus cosas buenas, y las no tan buenas.

Lo positivo: además de las ventajas obvias relativas a la eficiencia del proceso, estos portales han dado a conocer muchos hoteles que de otra forma serían casi invisibles para el viajero, que antes solía confiar en los cuatro hoteles de turno que aparecieran en la guía de viajes sin complicarse más la vida. Ahora estos portales reparten más la demanda entre todos los hoteles.

Eso de ver el hotel de moda lleno y el de al lado totalmente vacío por no tener reseña en la guía, me ponía del hígado. Generalmente a estos hoteles la fama les sienta fatal y, poco después de ser recomendados, muchos pierden la gracia.

Lo negativo : Además de la presión al estilo “Black Mirror” que pone en los propietarios de los hoteles para acumular estrellitas, likes, 5’s o lo que sea, también puede generar un sistema en el que los propietarios de pequeños hoteles acabarán siendo totalmente dependientes de estos portales de Internet, pagando la comisión que toque sin tener apenas capacidad de negociación. La propietaria de una casa de huéspedes en Armenia nos contaba como el 18% de lo que le pagamos se lo queda booking.com.

Para el viajero, lo que es un poco triste es que se va reduciendo el espacio para la improvisación; opiniones, fotos, comparativas… menudo agobio. Le quita un poco de gracia al asunto (llamadme sentimental…)

Un mapa de papel

Me encantan y, siempre que puedo, me hago con uno, ya sea de una ciudad, de un parque nacional , de una región, o del país completo. Soy una persona claramente visual, y un buen mapa me ayuda a situarme, física, mental y espiritualmente.

Lo cierto es que no siempre es tan fácil encontrar mapas decentes, y no siempre están en un idioma que pueda leer. Así que la app que uso en este viaje (OsmAnd +) me hace un buen apaño la verdad. Sus mapas offline, con curvas de nivel y senderos marcados, los he usado también en la montaña.

Dicho lo cual, si veo un buen mapa de papel no suelo resistir la tentación de hacerme con él. Es innegable, le da más glamour a todo esto.

Mapas

Maletas sin ruedas

Nunca las he utilizado para viajar, ni sin ruedas, ni 20 años después con ruedas. Imagino que estas últimas, para caminar con ellas por las aceras amplias y lisas de una moderna capital europea seguro que van mejor que el maletón de Paco Martinez Soria que se veía hace 20 años… pero en el Cáucaso georgiano para subir los 700 m de camino de vacas que lleva al hotel a 2.300 m de altura, creo que mi mochila es imbatible.

Mochilas Iran - Asi viajabamos

Cámara de fotos analógica.

Una pena, nunca he vuelto a hacer fotos como las que salieron de aquella pequeña reflex de segunda mano que me llevé a India hace 12 años.

Menos fotos, que luego había que pagar el revelado, aunque mucho más selectas y casi siempre mejores. Bueno, y por no hablar del momentazo al verlas reveladas 6 meses después de haberlas hecho … menudo subidón.

Otro momentazo era el de revelar circunstancialmente alguno de los carretes en India y debatir con la veintena de cabecitas que asomaban de puntillas tras mis hombros acerca de la calidad de las fotos, o de lo favorecido de las personas que en ellas aparecían …”very nice picture” mientras las cabecillas se movían al unísono de lado a lado casi llegando a rozar sus hombros con las orejas.

Lo bueno del siglo XXl: que la camarilla compacta abulta menos, y es mucho más discreta para robar fotos a las señoras del mercado sin que se monte tanto revuelo.

Cheques de viaje

Los usé una vez, con tan buena experiencia que jamás los volví a utilizar.

Cuando en Perú fui a cambiar unos cheques de viaje después de más de 6 meses sin coger un bolígrafo resultó que no me acordaba de firmar… Así que cuando en el banco me pidieron firmar los cheques allí mismo para cotejar la firma y así verificarlos, aquello que me salió fue “algo” distinto de la firma original, así que no me lo aceptaron, por mucha explicación que diera pasaporte en mano.

Yo andaba sin dinero, todo lo que me quedaban eran aquellos cheques de viaje… se mascaba la tragedia. Afortunadamente, y después de mucho practicar, me salieron firmas buenas en otro banco distinto y se solucionó el problema, aunque a Dios pusiera por testigo que jamás volvería a utilizar esos cheques de viaje del demonio.

Ahora es tarjeta de débito para todo, según el país hay más o menos cajeros, con mayor o menor comisión, pero nunca he tenido problemas (salvo en Irán, que debido a las sanciones no se puede utilizar la tarjeta) .

La música

Jamas olvidaré mi experiencia musical durante aquel viaje por sudamérica en 2004. Pensé que podría viajar sin llevar uno de aquellos reproductores de MP3 a pedales del momento, pero tras un par de meses de apagón musical no pude resistirlo y acabé comprando un Discman a mi paso por Ciudad del Este, en Paraguay. A partir de entonces fui comprando todo CD pirata de la calle que se me pusiera a tiro. La colección acabó siendo de lo más ecléctica: de Las Manos de Filipi a Sabina, pasando por Nirvana o los Fabulosos Cádillacs, Marcelo D2, o chacareras argentinas. El par de kilos extra que puse a la mochila bien merecieron la pena.

Los libros

Si bien el libro electrónico ahorra kilos en la mochila, algo que echo de menos es lo de intercambiar con otros viajeros títulos desconocidos por mí hasta el momento.

Así me he cruzado con algunos de mis libros favoritos (Q&S, Shantaram, The house of the blue mangoes, The Marching Powder...). Aunque lo cierto es que a veces resultaba complicado en lugares donde no hubiera nadie con libros para cambiar, o si los libros con que me topara fueran de Danielle Steel, así que bien por el e-book. Creo que en pocas cosas hay tanto consenso entre la gente que viaja frecuentemente.

Libros

Fumar en los aviones y autobuses

Efectivamente, recuerdo cuando las partes traseras de los aviones eran fumaderos en los que la bruma producida por el humo se cortaba con cuchillo, e incluso escucho a Iggi Pop cantándolo junto a Orbital en su último EP y me hace gracia. Pero no nos engañemos, qué bien que ya no lo sean, menuda zorrera. Si hay por aquí algún romántico (o fumador empedernido) que eche de menos el tabaco en el transporte público, Armenia es su destino: gran país, por méritos propios, en el que todo el mundo fuma en todas partes todo el tiempo. La ropa impregnada con ese olor a bar de los 90 al salir del taxi te conseguirá sacar una lagrimilla.

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Los diccionarios de papel

No nos engañemos… nunca fueron de gran utilidad. Mira que yo alguna vez llevé alguno encima, aunque no recuerdo que jamás lo utilizara.

Últimamente google translate nos ha sacado de bastantes apuros en países donde no se habla ni papa de inglés, francés o español (Vietnam, Rusia…). Tengo que admitir que esta herramienta es la pera, y el numerito que se monta con el modo conversación y las traducciones surrealistas de google frecuentemente acaba en risas con cualquiera.

Conclusión

Sea como fuere que viajáramos hace 20 años, o 14, lo cierto es que da igual, por que ya forma parte del pasado, lo importante es cómo viajamos el presente, cómo utilizamos las herramientas que hay disponibles actualmente para acercarnos más a la realidad del país en el que andemos, y sobre todo a su gente. El mundo cambia, y cada vez a mayor velocidad. En mi opinión lo importante es que la esencia no cambie, no sacrificar la espontaneidad por la eficiencia, la improvisación por la rutina, o el riesgo de la incertidumbre por la aburrida certeza.


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