Mujeres andando entre los baobabs

Joal Fadiouth y Final Feliz en el Delta del Salum y la Playa de Somone

Joal Fadiouth

Nos llevó dos horas, aparte de la hora que tardó en llenarse el coche y salir, hacer los 100 km hasta Joal Fadiuth en un sept-place. Si hubiésemos tardado una eternidad, también nos habría parecido bien. Lo malo es que no sabíamos qué nos esperaba, pero no era mi primera vez en Senegal y, bien pensado, tendríamos más oportunidades que en Dakar.

Bajamos en Joal, pequeña ciudad sin mucho interés más allá de ser el lugar de nacimiento del héroe, poeta y político Senghor, si es que es posible aunar estos tres conceptos en la misma frase. El que fuera presidente de la república de Senegal durante 20 años hasta 1980, escribió algunos poemas africanistas célebres y otros versos menos líricos, aunque bastante jocosos:

Cuando yo nací, era negro.
Cuando crecí, era negro.
Cuando me da el sol, soy negro.
Cuando estoy enfermo, soy negro.
Cuando muera, seré negro.
Y mientras tanto, tú, hombre blanco,
Cuando naciste, eras rosado.
Cuando creciste, fuiste blanco.
Cuando te da el sol, eres rojo.
Cuando sientes frío, eres azul.
Cuando sientes miedo, eres verde.
Cuando estás enfermo, eres amarillo.
Cuando mueras, serás gris.
Entonces, ¿cuál de nosotros dos es un hombre de color? Cuando yo nací, era negro.

(Léopold Sédar Senghor)

Para llegar hasta el “pe du pont” de Fadiuth, que es donde están los hoteles y por donde se entra a la famosa Isla de las Conchas (“L’île aux Coquillages”), hay que tomar un taxi colectivo en la carretera principal que nos intentó cobrar 2.000 CFA’s por lo que era un trayecto de 200. Discutimos, gritamos y me deprimí de nuevo. Algo andaba mal en este viaje, si todo seguí así no iba a ser capaz de escribir nada bueno.

Apreté los párpados fuertemente y se me pasó en seguida, y de pronto tuve la certeza absoluta de que todo iba a salir bien ahora. La Isla de las Conchas estaba en su lugar, frente a nosotros. Nos comeríamos un pescado enorme con cebolla, el Indio encontraría una bonita cama donde reposar los últimos síntomas de su malaria y yo me tomaría una cerveza bien fría. O varias.

Desde lejos, la isla tenía un aspecto encantador. El agua estaba en calma, las mujeres recogían berberechos, y unos señores muy simpáticos nos explicaban en la entrada que, si bien había que pagar una cantidad de dinero que no esperábamos, un guía que del colectivo de guías de la comunidad que chapurreba español, nos acompañaría y nos mostraría los mejores lugares para comer y dormir.

Puente de Entrada Isla de las Conchas
Mujeres pescando berberechos

Comenzamos a atravesar el puente y el cielo se oscureció de repente. Cayeron unas gotitas al inicio y, para cuando estábamos llegando al otro lado, nos encontrábamos en medio de un ciclón. Nos dio tiempo a ver a los últimos niños corriendo antes de la tempestad y a correr detrás de ellos buscando algún techo protector.

Finalmente, nos resguardamos en la terraza de uno de los dos restaurantes de la isla que, por supuesto, estaba cerrado. Nos sentamos empapados en una mesa a esperar. Llovía a mares y teníamos hambre. Ojalá fuera una lluvia pasajera de esas que asustan pero sólo sirven para revitalizar los campos quemados por el sol de África.

El ocaso era negro, las nubes sobre mí eran negras, ningún detalle parecía respaldar que se tratase de una tormenta de verano.

En la Isla de las Conchas, cuando no llueve, no hay polvo ni neumáticos por la calle como en Dakar, el suelo se encuentra cubierto por una singular y espesa alfombra de conchas que los vecinos recogen del mar o de otras islas cercanas. En sus laberínticos callejones no hay que esforzarse por encontrar enclaves turísticos, cualquier recorrido aleatorio lleva al extravío, a la pérdida de rumbo y al descubrimiento de la poesía de sus rincones habitados por gentes con vestimentas coloridas. El mercado está abarrotado y, como en otros países africanos, la cantidad de niños ociosos sobrepasa con creces el número de personas de generaciones vetustas.

Mujeres en el mercado de la Isla de las Conchas

En la Isla de las Conchas, cuando no llueve, hay un un millón de cerdos cagando por todas partes, impregnando el nácar de una fétida fragancia difícil de soportar.

Cerdos
Mujer lavando

Al día siguiente fuimos a dar una vuelta hasta el cementerio. Este famoso camposanto es símbolo de convivencia entre las religiones cristiana y musulmana, y el único lugar donde Respirare In Pace. Las almas de los antepasados florecen en las intrincadas ramas de los centenarios baobabs en su velado anhelo de inmortalidad.

Baobabs en el Cementerio de Joal Fadiouth
Baobab en el cementerio

Adelantamos nuestra salida y prescindimos de la visita a las islas adyacentes. Nos dirigíamos hacia el Delta del Saloum ya sin ninguna expectativa de que este viaje por Senegal fuera a pasar a la historia de nadie. Ni a la nuestra.

«En África, como en el resto del planeta, encontramos lo mejor y lo peor. Hay que ser completamente idiota para afirmar que nuestro mundo es un remanso de paz y que sólo África perturba esta armonía universal.” (Boucabar Boris Diop)

Desde la salida del puente de Fadiouth, cogimos un sept-place hasta Fimela y un cinco-plazas hasta el puerto de piraguas de N’Dangane. Y, de ahí, por el río, hasta una de las islas del Delta de Sine-Salum, Mar Lodj.

Mar Lodj

Las hienas se habían comido al perro de Adima. No ayer ni la semana anterior, un día cualquiera. Encontraron su cabeza desfigurada junto a un árbol, sólo el cráneo. En seguida supieron que no habían sido los chacales porque nunca atacan a animales tan grandes. Era obra de hienas o humanos. Ocurrió antes de que saliera una black mamba (serpiente muy venenosa) por el retrete de una de las cabañas de huéspedes.

Mar Lodj presenta un aspecto lúgrube y dramático al caer el sol. La oscuridad aparece de repente y entonces sólo se escucha el silbido del viento a su paso por el bosque de viejos baobabs, como un sollozo lejano que augura noche de sangre y aniquilamiento. Los animales acompañan el coro con sus aullidos y el miedo se expande y se dispersa hasta que llega el sueño a la isla.

Por el día, los animales son más cordiales y alegres. Sonríen, cantan, saltan, nos embaucan con sus grotescos colores. Vacas, cormoranes, pelícanos y lagartos azules danzan con nosotros al ritmo de yembé y cerveza.

En Mar Lodj conocimos a Picasso en la plaza del yembé, paseamos en calesa hasta otros barrios periféricos, bebimos cerveza y té en desconocidas casas amigas, surcamos parte del delta en un romántico barquito de motor y descansamos, por fin tranquilos, sin miedo. Sólo al sentarme en la taza del váter de la casa de Adima, me entraba un fugaz escalofrío y me apresuraba a terminar rápido lo que estuviera haciendo.

Baobab en Mar Lodj
Pelícanos en el delta del Saloum
Atardecer en Mar Setal
Vaca en Mar Lodj

Ya no me quise ir de allí. Estábamos donde queríamos estar antes de saberlo. Estábamos donde las leyendas y la realidad configuran la misma historia, donde, al llegar la noche, las hienas y los chacales salen a alimentar las pesadillas de los culpables, donde los muertos de pupilas ardientes se entregan a bailes frenéticos de los tambores sereres.

Estábamos allí donde las aves se reponen de esos viajes tan largos como quimeras imposibles, junto a los mismos árboles que han cobijado a decenas de sus generaciones y continúan intactos proyectándose hacia un futuro improbable.

Baobab en el delta

Pensé que, después de esto, debíamos terminar el viaje un lugar decente, a la altura de las últimas experiencias. Ahora que sabíamos que no era necesario regresar a Dakar para coger el avión de vuelta, me imaginé una playa. Una playa por donde caminar y dilatar el tiempo hasta detenerlo. Probamos con Somone.

Somone

De julio a octubre se considera temporada baja, por lo que la mayor parte de los hoteles están cerrados o vacíos, ofreciendo precios razonables y una atmósfera local muy relajada.

Nos bañamos en el mar y paseamos por el pueblo sin prisa, felices. Comimos el pez enorme con el que soñábamos y un montón de yassa poulet (pollo encebollado). Y bebimos cerveza en la playa hasta el amanecer.

En unos días nos despediríamos, yo volaría a España y el Indio volvería a Camerún. No hay nada más vulgar que la tristeza que le entra a una cuando llega el final de las vacaciones. Es como uno de esos hábitos naturales que cada humano realiza sin gloria alguna: comer, beber, tirarse pedos y deprimirse al volver de las vacaciones. Por eso ahora todas las experiencias eran importantes. Se hacía urgente transformarlas en memorias o, de otra forma, se tornarían irrecuperables, pasarían a la categoría de “vivencias no vividas”. No teníamos buenas referencias de M’bour y Saly. Probamos con Somone.

Intenté desechar estos pensamientos de mi cabeza para no estresarme y seguir disfrutando. Me consolé con la idea de un próximo destino. ¿Rusia? El caso es que funcionó.

Playa Somone


Información práctica

Transporte

  • Los sept-place son más rápidos que cualquier otro transporte colectivo (autobuses, minibuses, furgonetas) y salen desde la Estación Pompier en Dakar.
  • Para el trayecto de N’Dangane-Somone fuimos preguntando y concatenamos sept-places y minibuses durante casi todo un día.
  • Desde Somone, los taxis al aeropuerto salen por unos 15.000 CFA’s.

Alojamiento

  • En Fadiouth, algunos de los hoteles de las guías antiguas o de internet en la costa occidental antes del puente ya no existen por las mareas y la suciedad de la playa.
  • Es posible encontrar alojamiento dentro de la Isla de las Conchas. Muy básico y económico.
  • El Hotel/ Restaurante Le Finio, justo antes de atravesar el puente, es una opción más agradable para comer y dormir. En julio el precio era asequible.
  • Mar Lodj tiene una posición privilegiada, es una isla agradable con gente muy hospitalaria y cuenta con bastantes alojamientos y cabañas. Los más famosos sean posiblemente Le Bazouk du Saloum y Hakuna Matata.
  • Nosotros nos quedamos en Mar Setal con Adima y Kurt. Personajes novelescos, atmósfera cálida y comida excepcional. Creo que pagamos 13.000 CFA’s por persona con media pensión.
  • En Somone no había muchos hoteles abiertos. Y, de pronto, encontramos el África 6 Plage, el chiringuito perfecto para relajarse y disfrutar de la playa.
Africa 6 Plage de playa de Somone

Itinerarios

  • Para descubrir el Delta del Saloum existen varias opciones: quedarse en los alojamientos de camino a Palmarin y Djiffer, adentrarse por tierra hasta Fimela y de allí explorar la Isla de Simal, N’Dangane o coger una piragua hasta Mar Lodj, o llegar hasta los campamentos cercanos a Toubakouta.

Información Complementaria

  • En Joal Fadiouth y en los pueblos del delta no hay cajeros automáticos. Los más cercanos se encuentran en M’bour.
  • En nuestra página introductoria, se puede encontrar más información útil sobre Senegal.
  • Interesantísimo artículo sobre Senghor y Diop, los dos grandes intelectuales senegaleses enfrentados por su visión de África y del mundo.

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