Suzdal Samara Shiryaevo

De Suzdal a Shiryaevo: Atrapados en el Búnker de Stalin en Samara

Habíamos quedado los 3 en Caracas a tomar unas cervezas, pero por azarosos motivos totalmente ajenos a mi voluntad, terminamos juntándonos y bebiendo unas пиво en Moscú. Yo siempre prefiero el calor, así que desvié la conversación hacia la calefacción central rusa que, cuando se enciende en octubre, puedes pasearte por casa en bañador y con una margarita en la mano. Así la cerveza me sabía mejor.

Durante esa semana en Moscú, hicimos una escapada a Suzdal, con noche incluida, para apreciar la grandeza de las construcciones religiosas rusas y pasear por un entorno más rural. Nos pareció un lugar estupendo para perderse, lleno de historia y de auténticas joyas arquitectónicas.

Fue nuestra primera grata experiencia en tren (hasta Vladimir), y la primera aproximación también a la dificultad de obtener información sobre horarios de transporte sin hablar una palabra de ruso. El lío acababa de comenzar y nos acompañó durante un largo mes, en el que perdimos barcos, esperamos horas en estaciones y, muchas veces, hasta tuvimos algunas grandes experiencias.

De vuelta en Moscú, seguimos bebiendo cerveza y comiendo sopa. A pesar del frío, los días eran soleados e invitaban a pasear por las calles por las que, hace poco más de un siglo, se apresuraban los carruajes con sus deslumbrantes princesas hacia las pomposas fiestas de estilo parisino. Al Sr. Fernweh le gustó tanto aquello, que decidió quedarse a vivir en la ciudad, más que por la nostalgia de una época de derroche y privilegios, tal vez llevado por ese melancólico romanticismo que nos transporta a tiempos en los que jóvenes idealistas luchaban por una justa pobreza para todos.

De Moscú a Shiryaevo

El Indio y yo nos marchamos, tomamos un tren y seguimos nuestro camino. Como aristócratas del siglo XIX, nos sentamos en el vagón-restaurante a degustar la gastronomía rusa, y saciarnos ya de paso. Elegimos al azar, por el precio, algo que no fuera muy barato, porque entonces tal vez nos trajeran unos cacahuetes, ni tan caro como para vaciar nuestros bolsillos de plebeyos. Aparecieron una ensalada de pollo y una especie de filete de cerdo gratinado que no nos sació en absoluto.

Y como turistas ya del siglo XXI, llegamos a la ciudad de Samara, a orillas del Volga, un pequeño paraíso de trip advisor: la plaza más grande de Europa (Kúibyshev), otra interesante Plaza de la Gloria en la que levanta las manos un obrero a 40 metros del suelo. Un museo espacial que cuenta con un cohete Soyuz auténtico en la fachada. Sin olvidar la famosa planta cervecera Zhiguliovsky, una de las más antiguas de Rusia, junto a la cual se encuentra posiblemente el mejor bar de la ciudad.

 ¡Y hasta una playaza tenemos aquí! Sin margarita, pero digo yo que igual un White Russian sí que sirven. Un malecón de 5 km en el Volga, a más de 1.000 km. del mar, pero con auténtica arena de playa. Algo así como la Samara Beach costarricense, pero más fresca, con más sombrillas, y con algún tilo que modestamente se atreve a sustituir a las palmeras.

El caso es que nosotros no vimos nada de esto. Nos quedamos atrapados a 37 metros de profundidad en el búnker de Stalin. Uno de ellos, claro. Uno de esos que están escondidos secretamente por toda Rusia y que solo salen a la luz cuando se desclasifican algunos documentos de la KGB. Lo visitamos sin contactar con ninguna agencia (como nos habían recomendado), simplemente esperando con otras personas en la puerta trasera de un edificio que parecía totalmente normal.

Tras 30 minutos mirándonos las caras, un guía ruso abrió una portezuela y nos introdujo en grupo en una austera sala donde comenzó a declamar con voz ronca en su lengua eslava como en un auténtico “pasaje del terror”. Posteriormente, nos condujo por unos pasillos y nos mostró los ascensores y despachos de Stalin aparentemente nunca utilizados.

Búnker antes de llegar a Shiryaevo

Posiblemente el tipo habló de la guerra, del gobierno ruso trasladándose a Samara ante la amenaza de Hitler, de los 25.000 metros cúbicos de tierra que hubo que remover para su construcción, de las gruesas capas de hormigón, de las salas estancas, de la ventilación, de las puertas falsas y de las auténticas. Nunca lo sabremos. Casi 2 horas de perorata en ruso, amenizada por algunas salidas de tono de una pareja ebria que, a través de su tarjeta, también en ruso, nos convidaron a sus sesiones de espiritismo y comunicación con el más allá.

Después de aquello, sólo podíamos soñar con una cerveza. Y como la idea era visitar el Parque Nacional de Samarskaya Luka (Samara Bend), volvimos a por nuestras mochilas guardadas en la estación y nos dirigimos (autobús 205) a un pequeño puerto de río del que salen 2 barcos diarios hasta Shiryaevo (uno a las 8.30 y otro a las 17.30).

Los malos entendidos en ruso con el billete de barco nos atragantaron la cerveza. Digamos que esta confusión no fue de las divertidas. A las 17.35 volábamos en un taxi intentando alcanzar el barco que, indefectiblemente, ya habíamos perdido antes de salir.

Eso sí, a Shiryaevo llegamos, y al Parque Nacional de Samara Bend, y vimos los árboles de colores y pasamos un frío de muerte, y caminamos horas por la orilla del Volga, y nos subimos al “camello” (que sólo es una piedra más) para tener una mejor panorámica del meandro de más de 200 km. Y vimos muchas cuevas. Y también había un manantial al que llegamos en bicicleta. Los colores del otoño hacían ya su aparición, reservándonos paisajes inolvidables durante las siguientes semanas.

Árboles en Shiryaevo

De vuelta a sentir de cerca la naturaleza, en perfecta armonía con el lento fluir del río, comiéndonos los deliciosos platos preparados por la abuela en casa de Serguéi y Natasha. Eso sí que estuvo bien. Se nos olvidó de nuevo visitar los museos, uno histórico y la casa donde vivió el tal artista Repin. Vaya, una pena.

De Shiryaevo, nuestro viaje continuó por el Volga hasta su desembocadura. Pero esta vez en tren, deprisa, deprisa, recuperando el tiempo perdido que menos mal que al final siempre aparece en algún otro lugar.

Échale un vistazo a nuestra entrada sobre Rusia para saber más acerca de visados, alojamientos, itinerario, transporte, etc.

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